Opinión

Este mes se cumplen 30 años de haberse promulgado la Convención Internacional de Derechos del Niño (CDN). Una buena oportunidad para detenernos y ver cómo estamos en relación a esos compromisos que el Estado venezolano contrajo cuando se adhirió al tratado.
Y se tardará menos o más en llegar a ese final de la catástrofe para comenzar, de nuevo, a subir la cuesta, en la medida que sepamos que los derechos se conquistan, se mantienen y se despliegan, con una perseverancia a toda prueba.
Vivimos el desbordamiento de un río sin cauce que exacerba el pluralismo e infla los derechos de los dispersos, sin posibilidades de cabal garantía. A la inteligencia artificial debe acompañarla la prudencia digital del hombre, varón o mujer.
El tiempo y la candidaturitis de algunos son aliados del régimen. No podemos hacerle el juego. Nuestra preocupación está centrada en el pueblo, en el ciudadano común y sus familias, en hacer valer sus derechos para que puedan cumplir con los deberes que le corresponden.
Este regreso del peronismo ha sido contado por la prensa mundial como parte de una ola de cambios y protestas en varios países. ¿Esa ola noticiosa significará acaso una “vuelta a la izquierda”?
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