“Hay que volver a la separación de poderes que manda la Constitución”, señala el padre jesuita Luis Ugalde, quien destaca tres ingredientes que debe contener un potencial acuerdo político: elecciones presidenciales, supresión de la ilegítima Asamblea Nacional Constituyente y renovación del CNE con participación de la Asamblea Nacional.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Luis Ugalde, secretario de Educación de la Compañía de Jesús en Venezuela, piensa que la semilla del reconocimiento del nosotros debe sembrarse en la escuela desde las etapas iniciales. Un niño debe aprender, dice, que el otro es tan importante como uno mismo. “En el nosotros nos encontramos (…) Somos distintos, somos complejos, pero juntos vamos”, asevera.

Pero ese concepto que bien pudiera quedar en el aula lo extrapola al país: “En este momento tan dramático de Venezuela, si no vamos juntos estamos fracasados”, advierte, y las orientaciones llegan a la frontera de lo político cuando sostiene que es vital un acuerdo “para salir de esto con el menor costo posible”.

Es optimista, confiesa. “El cuadro de hace cuatro años ahora es totalmente distinto. A Alemania Oriental, usted pudo haber ido cinco meses antes y dice esto no lo cambia nadie y de la noche a la mañana se derrumba. Porque eso va creciendo dentro, por debajo de una capita que parece un pueblo pasivo y resignado. Resignados no están”, puntualiza.

I: Educación

- ¿Cuáles son los desafíos que está enfrentando el sector educativo tanto del sector público como privado?

       

Llevo 32 años en La Pradera, un barrio muy pobre de La Vega, entonces el niño no viene porque no hay comida en la casa pero tampoco en la escuela. Entonces, estamos trabajando para que por lo menos haya una comida sólida allá y no basta el presupuesto del Estado que no tiene, sino la solidaridad que rebrota”.

- El comienzo del año escolar es realmente dramático. Creo que no hemos tenido en los 62 años que llevo en Venezuela y probablemente en el siglo XX, un comienzo de año tan dramático por una escuela que se nos vacía de maestros, alumnos y presupuesto. Eso es lo que está pasando en todos los niveles, incluso en las universidades, y por otra parte más que nunca en este momento necesitamos una educación de calidad porque Venezuela ha estado engañada con la idea de que somos un país riquísimo porque tenemos petróleo y, en este momento, Pdvsa tiene una deuda de más de 60 mil millones de dólares. Cuando se dice, ahora Pdvsa es del pueblo; lo que es del pueblo son las deudas de Pdvsa y, entonces, la ilusión de que éramos un país rico porque teníamos renta petrolera ilimitada es un error gravísimo. Podemos tener, pero esa no es la riqueza del país. La riqueza del país es el talento de su gente y si la educación no es de calidad y si no logramos que todos los niños y los jóvenes estén en la escuela o en la universidad, es como si el petróleo se estuviera derramando al Orinoco y lo estamos perdiendo. Esa riqueza que es el talento y los valores humanos, que es donde está la fuerza para reconstruir el país que está como está, sin una buena educación no salimos.

- Usted dice que necesitamos una educación de calidad. ¿Cómo es la educación actualmente en el país?

- La educación en este momento es deplorable, realmente deplorable. Incluso me he enterado de que hay universidades que tienen clases el viernes o el sábado en la mañana porque el profesor dirá con lo que cobro no puedo trabajar los cinco días, tengo que rebuscarme por allá. El título antes parecía valer porque la riqueza ya estaba, pero ahora la riqueza no está, hay que crearla, entonces la universidad tiene que tener una conexión estrechísima con la empresa productiva y tiene que salir gente capacitada para crear la riqueza que no existe. Y esa riqueza que no existe no solamente se produce en la industria o en la agricultura, sino en los valores. Si usted llega a un barrio y dice es que en este barrio hay mucha inseguridad y la gente está muy dividida y los viernes en la noche hay tiroteos aquí y corre la droga. Eso no llueve del cielo, eso es lo que hacemos nosotros. Si usted quiere un barrio, seguro, pacífico, unido, eso no llueve, eso se hace y es productividad ciudadana.

- Entonces, es un proceso de reeducación general.

- Claro, formar al ciudadano y la escuela es fundamental para el reconocimiento del otro. Un aula no son 40 niños, 40 yos amontonados ahí porque entonces se matarían entre ellos, cada uno va a lo suyo. Es 40 yos haciendo un nosotros. La palabra nosotros española tiene un valor extraordinario. Cuando usted le pone un guión en la mitad es nos que en castellano antiguo es yo y otros. Los otros no eliminan al yo, en el nosotros nos encontramos. En la escuela hay que ayudar al niño a descubrir eso y no como una obligación sino con el gusto de ser nosotros, allí hay todo un aprendizaje, que el otro es tan importante como yo. Somos distintos, somos complejos, pero juntos vamos. En este momento, tan dramático de Venezuela, si no vamos juntos estamos fracasados. Quizás la mejor imagen es la del deporte.

 
“En este momento tan dramático de Venezuela, si no vamos juntos estamos fracasados. Quizás la mejor imagen es la del deporte” | Fotos William Urdaneta
 


- Llevando esto al sector educativo, ¿cómo puede la escuela afrontar los retos tan complejos que atraviesa?

- Creo que hay que lograr esa primera experiencia de la primaria, que el niño va descubriendo con alegría que los otros no son rivales; vas descubriendo que la realización tuya no es a costa de la realización del otro; sino que mi realización es realización del país. Somos distintos, pero vamos descubriendo eso y, en este momento, la escuela ha empezado con demasiada ausencia. En la mayoría pobre del país, una de las tragedias es que no hay comida en la casa y tampoco en la escuela porque todo lo que eran programas de comida escolar, el 95% está muerto. Llevo 32 años en La Pradera, un barrio muy pobre de La Vega, entonces el niño no viene porque no hay comida en la casa pero tampoco en la escuela. Entonces, estamos trabajando para que por lo menos haya una comida sólida allá y no basta el presupuesto del Estado que no tiene, sino la solidaridad que rebrota.

- Con esa imagen de las aulas vaciándose de niños y educadores, ¿cómo se proyecta un país que deja la educación en segundo plano?

- Naturalmente habría dos maneras de reflexionar. Una: estamos fracasados, no tenemos futuro y eso tiene fundamento y mucha gente va por allí. Yo digo que lo que tenemos que sembrar es esperanza, tenemos que enseñar a remar contracorriente. Es más fácil remar con la corriente y decir esto es un desastre y repetirlo todos los días. Claro que es un desastre, pero ¿cómo vamos a salir? No hay que caer en el victimismo, la crisis nos tiene que llevar a mirar adentro y esto tiene otro capítulo que es muy importante que es la interioridad. Para nosotros, los jesuitas, en educación es fundamental el fomento de la interioridad. ¿Cuál es el peligro? Hoy día, siempre ha sido pero hoy día mucho más, yo con mi celular pegado día y noche estoy bombardeado por estímulos. Entonces el peligro es que yo sea espejo y el espejo no tiene profundidad. Llega el estímulo y respondes automáticamente. La interioridad es cuando llega el estímulo y usted puede rumiar y darle vueltas y en su interioridad elabora la respuesta y no se deja dominar solo por los estímulos externos. La educación es para que la persona no sea espejo.

II: Realidad política

- ¿Cómo caracteriza la situación política actual cuando está a punto de terminar otro año convulso y de mayor crisis?

        El cuadro de hace cuatro años ahora es totalmente distinto. A Alemania Oriental, usted pudo haber ido cinco meses antes y dice esto no lo cambia nadie y de la noche a la mañana se derrumba. Porque eso va creciendo dentro, por debajo de una capita que parece un pueblo pasivo y resignado. Resignados no están”.

- El primer error Chávez lo predijo desde el primer día: somos un país riquísimo. Suiza y Japón tendrán que producir, pero nosotros no, a nosotros nos llovió del cielo con la renta. ¿En qué consiste el buen gobierno? en repartir esa abundancia de riqueza que tenemos y ¿cómo explica que en un país súper rico ustedes, pueblo, son pobres? Yo, Chávez, le explico, porque hay tres bandidos entre esa fabulosa riqueza y ustedes: el imperio, los empresarios explotadores y los partidos corruptos. Como yo los quiero mucho a ustedes voy a descabezar a los tres. Ese fue el discurso básico. Yo le digo a los empresarios y suelo decir también a la gente trabajadora: en Venezuela si a los pobres les va mal, no les irá bien a los ricos y a la gente trabajadora le digo: si en Venezuela a la empresa privada le va mal, a los 14 millones de trabajadores no nos puede ir bien porque si no hay empresa exitosa, nos morimos de hambre, hay que redescubrir la alianza entre el trabajador, el empresario. Jugamos en el mismo equipo. Acá viene la conexión con lo político: la política se ha dividido. Todo el que se opone es un traidor, hay que meterlo preso o mandarlo al exilio. Así no se puede construir. Y nuestra Constitución dice otra cosa: los venezolanos de diversos colores constituimos un Estado para el bienestar y basado en el derecho fundamental y los derechos humanos y hemos llegado a lo que estamos por violar sistemáticamente la Constitución y no hay más remedio que llegar a un acuerdo para salir de esto con el menor costo posible. Los que han tratado de salir a través de una guerra, bueno tenemos el ejemplo de Gadafi en Libia: Se concentra el cambio en matar al señor, y todavía están matándose unos grupos con otros. Lo mismo pasó en Irak. En cambio, en Alemania oriental que era una situación terrible, policiaca, dijeron: lo fundamental es construir, entonces no se dedicaron ni a matar ni a fusilar. Cayó el muro y la reconstrucción y la unificación la hicieron invitando a los que ayer eran perseguidores, policías y si hay delitos que no prescriben para eso están los tribunales pero la gente tiene que concentrar todas sus capacidades en la reconstrucción del país.

- Ha habido varios procesos de negociación, este mismo año hubo la mediación noruega, pero el ciudadano percibe poco avance. ¿Cómo se llega a ese acuerdo?

- El tema es obvio y todo el mundo lo ve en el país y fuera. Según la Constitución, no tenemos presidente legítimamente elegido, eso está claro en la Constitución. Hay que hacer una elección bien hecha, no con el árbitro comprado ni vendido, sino unas elecciones con observación internacional. Ahora para hacer todo eso, el gobierno dice yo tengo el poder y sí tiene el poder, pero no puede gobernar. Cada mes que pasa, cada semana que pasa, su popularidad está más baja y cada vez hay más venezolanos convencidos de que sin un acuerdo no tenemos salida y eso ha hecho que entre ellos, en el propio gobierno, haya mucha más división de lo que parece y el diálogo no está cerrado. Más allá de lo que aparenta, la gente está deseando un acuerdo y están activas las conversaciones a este nivel.

- La administración de Maduro se ha reunido con partidos minoritarios recientemente para formar un nuevo CNE y también recientemente el oficialismo volvió a la Asamblea Nacional, ¿qué interpreta de estos dos hechos?

- La lectura es muy sencilla. El gobierno dice yo no quiero elección presidencial, mientras que la oposición dice tiene que haber elección presidencial. Entonces, como ustedes no están de acuerdo voy a traer unas personas más o menos a mi medida que digan que ellos sí dialogan, que ustedes son radicales, vamos a soltar unos presos políticos y ayer mismo violan la inmunidad parlamentaria. Es una farsa. En ese acuerdo hecho por el gobierno a su medida faltan dos o tres cosas muy importantes. Uno, no hay elección presidencial que es la primera que tiene que haber. Dos, se mantiene la Asamblea Nacional Constituyente que viola la Constitución y mientras eso se mantenga no hay democracia. Tres, el CNE dicen que hay que cambiarlo, ese cambio tiene que pasar por la AN y el TSJ también hay que modificarlo, hay que volver a la separación de poderes que manda la Constitución. No hay que inventar nada, sino que lo que está dicho hay que ponerlo en práctica, pero como el gobierno no quiere esos puntos, entonces le dice al país ya vamos a tener elecciones, pero no son elecciones de presidente.

- La oposición se planteó la ruta de cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres. ¿Cómo observa el camino recorrido por la oposición?


El sacerdote jesuita considera que la gente tiene que concentrar sus capacidades en la reconstrucción del país y no perder las esperanzas de un cambio

     

- Creo que es coherente. Otra cosa es que estamos con una dictadura. Si tengo la Policía y el Ejército, usted Guaidó puede tener buenas intenciones, pero yo mato, yo allano, yo pongo preso, yo mando al exilio a 4 millones de venezolanos. Entonces una cosa es que se tenga buena disposición. En Alemania oriental, todos creían que era tan policialmente perfecto que no se iba a acabar y de la noche a la mañana, cambió. Y no cambió porque los americanos echaron unas bombas allá ni porque se cayeron a tiros, sino simplemente la población llegó a la conclusión de que no solamente el país estaba mal, sino que iba retrocediendo a partir de los años 80, entonces el movimiento espiritual que nació en una iglesia en San Nicolás en Leipzig se fue extendiendo y llegó un momento en que 300 mil berlineses fueron al muro y la Policía en lugar de matar y reprimir, echó el arma al suelo y se abrió aquello y cayó todo el bloque soviético. En Venezuela, esa es la parte que más necesitamos y la gente se impacienta, bueno, pero no ha caído, bueno, caerá y hay muchísima gente, muchos más millones de chavistas que votaron por Chávez han caído en la cuenta que esto no sirve que los que todavía siguen creyendo. Entonces, hay que mantenerse con mucha serenidad y paciencia. Tenemos el mundo con nosotros, incluso China y Rusia están viendo que con esta economía no vamos a ninguna parte y que el gobierno no quiere cambiar esa economía. Eso va a hacer su trabajo.

- Con la economía destruida y la migración que se acrecienta, ¿qué perspectivas tiene para 2020?

- Soy más optimista que otra mucha gente, porque si no tenemos esperanzas y no creo que esto puede cambiar, no voy a mover un dedo para cambiar lo que no puede cambiar. Veo el ejemplo de otros países; trabajo en una zona muy chavista y veo cómo están todos desengañados y dan gracias a Dios que algún familiar se fue a Perú o a Ecuador y manda 30 dólares al mes. El cuadro de hace cuatro años a ahora es totalmente distinto. A Alemania oriental, usted pudo haber ido cinco meses antes y dice esto no lo cambia nadie y de la noche a la mañana se derrumba. Porque eso va creciendo dentro, por debajo de una capita que parece un pueblo pasivo y resignado. Resignados no están.

III: Guayana

- Usted, que ha escrito sobre la búsqueda de El Dorado, ¿cómo califica ese anuncio de entrega de minas a las gobernaciones? ¿Qué trae el seguir potenciando el extractivismo sin control?

- Al comienzo creía que era un invento de algún enemigo de Maduro para desprestigiarlo porque es una cosa tan insensata. Si usted va a la mina, debe ir armado. Entonces, ¿cada gobernador va a traer un ejército para enfrentarse al otro y para enfrentar al ELN? No merece ni siquiera comentarlo.